Un camino que me ha enseñado a mirar de otra manera
Hay caminos que se eligen y otros que, poco a poco, te van encontrando.
Mi recorrido ha estado guiado por preguntas que han ido tomando distintas formas con el paso del tiempo. Una de ellas sigue acompañándome desde hace años:
¿Qué necesita una persona para poder sentirse suficientemente segura como para volver a confiar en sus propios recursos?
Esa búsqueda me llevó a formarme en diferentes disciplinas somáticas. Cada una de ellas me ofreció nuevas herramientas y amplió mi comprensión de la complejidad humana.
Sin embargo, con los años he descubierto que lo más valioso no ha sido acumular conocimientos, sino aprender a mirar de otra manera.
Hoy entiendo que acompañar no consiste en tener todas las respuestas, sino en crear las condiciones para que cada persona pueda encontrarse con las suyas.
Una manera de entender el cuerpo
El cuerpo es un organismo vivo, en constante adaptación. Lo que vivimos va dejando huella en su manera de organizarse y responder… Pero esa organización no está cerrada: sigue cambiando, aprendiendo y encontrando nuevas formas de responder.
Muchas veces aquello que hoy sentimos como un problema fue, en otro momento de nuestra vida, una respuesta necesaria.
Por eso, en lugar de preguntarme únicamente qué necesita cambiar, me interesa escuchar qué está intentando expresar el sistema y qué condiciones necesita para recuperar una mayor sensación de equilibrio.
Desde ahí nace mi manera de acompañar.
No desde la lucha contra el síntoma. Sino desde la hospitalidad.
Mi camino
A lo largo de los años he ido construyendo una práctica que integra diferentes miradas sobre el cuerpo y el acompañamiento.
La terapia craneosacral biodinámica ha sido uno de los pilares de mi recorrido y ha transformado profundamente mi manera de entender la salud y la capacidad de autorregulación del organismo.
A este camino se han ido sumando otros aprendizajes, entre ellos la teoría polivagal y diferentes enfoques relacionados con el sistema nervioso y el trauma.
Cada formación ha ampliado mi comprensión, pero ninguna de ellas define por sí sola mi forma de trabajar.
Lo que realmente sostiene mi práctica es la integración de todos esos conocimientos con la experiencia acumulada durante años acompañando a personas en procesos muy diversos.
El acompañamiento a personas en situaciones de enfermedad grave y final de vida ha transformado profundamente mi manera de entender este oficio.
Allí comprendí que no siempre podemos cambiar aquello que está ocurriendo, pero sí cuidar la manera en la que estamos junto a quien lo atraviesa. Esa vivencia está conmigo en cada encuentro, también fuera de los cuidados paliativos.
Hoy todas esas experiencias convergen en una misma forma de trabajar.
Con el tiempo, el centro de gravedad de mi práctica se ha ido desplazando de la intervención hacia la relación.
Mi camino
A lo largo de los años he ido construyendo una práctica que integra diferentes miradas sobre el cuerpo y el acompañamiento.
La terapia craneosacral biodinámica ha sido uno de los pilares de mi recorrido y ha transformado profundamente mi manera de entender la salud y la capacidad de autorregulación del organismo.
A este camino se han ido sumando otros aprendizajes, entre ellos la teoría polivagal y diferentes enfoques relacionados con el sistema nervioso y el trauma.
Cada formación ha ampliado mi comprensión, pero ninguna de ellas define por sí sola mi forma de trabajar.
Lo que realmente sostiene mi práctica es la integración de todos esos conocimientos con la experiencia acumulada durante años acompañando a personas en procesos muy diversos.
El acompañamiento a personas en situaciones de enfermedad grave y final de vida ha transformado profundamente mi manera de entender este oficio.
Allí comprendí que no siempre podemos cambiar aquello que está ocurriendo, pero sí cuidar la manera en la que estamos junto a quien lo atraviesa. Esa vivencia está conmigo en cada encuentro, también fuera de los cuidados paliativos.
Hoy todas esas experiencias convergen en una misma forma de trabajar.
Con el tiempo, el centro de gravedad de mi práctica se ha ido desplazando de la intervención hacia la relación.
Cómo es trabajar conmigo
Cada persona llega con una historia distinta.
Hay algunas cosas que intento cuidar en cada encuentro.
Escuchar antes de interpretar
Acercarme a tu experiencia con curiosidad, sin dar por supuesto que ya sé lo que significa.
Crear las condiciones antes que buscar el cambio
Creo que cuando una persona se siente suficientemente segura, el sistema comienza a mostrar caminos que antes permanecían ocultos. He aprendido que la presencia también crea condiciones y que, muchas veces, consiste sencillamente en hacer sitio.
Respetar el ritmo de cada proceso
Saber esperar cuando la experiencia todavía necesita tiempo.
Poner el conocimiento al servicio de la persona
Las herramientas y las teorías me ayudan a orientarme, pero nunca sustituyen la singularidad de quien tengo delante.
Cada encuentro es diferente. Mi trabajo consiste en estar presente, con respeto y confianza en la capacidad de reorganización que cada ser humano ya posee.
Más allá de la consulta
Este oficio también ha ido transformando mi propia manera de estar en el mundo.
Con el tiempo he descubierto que esa forma de acompañar no pertenece sólo a la consulta. Ha ido transformando también mi manera de relacionarme con las personas, con el cuidado y con la vida.
Quizá por eso me cuesta separar lo profesional de lo humano. Ambos siguen nutriéndose mutuamente.
Sigo sintiendo que este oficio continúa enseñándome a estar presente allí donde la vida pide ser recibida.
Si sientes que este enfoque resuena contigo...
Quizá hayas llegado hasta aquí buscando una forma diferente de comprender lo que estás viviendo.
O quizá simplemente necesitabas encontrar un espacio donde sentirte acompañado desde la calma y el respeto.